miércoles, 24 de abril de 2013

alminar de Alepo es destruido en los combates

En Siria un antiguo alminar de Alepo es destruido en los combatesEn Siria un antiguo alminar de Alepo es destruido en los combates El minarete de una de las mezquitas más famosas de Siria ha sido destruido durante los enfrentamientos en la ciudad norteña de Alepo, antes de la guerra el centro empresarial más importante del país.
La agencia estatal de noticias Sana acusa a los rebeldes de la voladura del emblemático minarete del siglo XI, que era el elemento más antiguo de la Gran Mezquita de Alepo, cuyo edificio actual data del siglo XIII.

Por su parte, los rebeldes sirios afirman que el minarete fue alcanzado por fuego de los tanques del Ejército sirio. La mezquita está en manos de los rebeldes desde principios de este año.

La Unesco hizo un llamamiento para la protección del sitio, que describió como "una de las más bellas mezquitas del mundo musulmán", pero la Gran Mezquita de Alepo, también conocida como 'Mezquita Omeya', fue gravemente dañada cuando en octubre del 2012 el Ejército sirio la atacó con fuego de artillería por estar albergando a rebeldes armados.

Después de aquel episodio las fuerzas gubernamentales retomaron el control sobre la mezquita y las autoridades sirias prometieron restaurar el templo antes del final de 2013.

A finales de febrero de 2013 las milicias antigubernamentales volaron el muro sur de la mezquita.

Cabe recordar que en agosto de 2012 se informó de que el castillo medieval Crac de los Caballeros había sido destruido durante los combates que se libran en suelo sirio, mientras que los museos de Damasco y Alepo sufren constantes saqueos.


Texto completo en: http://actualidad.rt.com/actualidad/view/92703-alminar-alepo-siria-destruido
Texto completo en: http://actualidad.rt.com/actualidad/view/92703-alminar-alepo-siria-destruido

miércoles, 3 de abril de 2013

Violacion..crimen de guerra



Son las mujeres fundamentalmente quienes quedan marcadas con las cicatrices de un conflicto violento.
                             
La violación cometida durante la guerra tiende a ser sistemática y con la intención de aterrorizar a la población, destruir a las familias, a las comunidades y, en algunos casos, cambiar la composición étnica de la siguiente generación. A veces se utiliza también para que las mujeres de la comunidad agredida no puedan tener más hijos.
                                         
En las provincias orientales de la República Democrática del Congo (RDC), la violación ha sido un medio de librar la guerra, que han utilizado todos los grupos en el conflicto. En el caso de Rwanda, se calcula que entre 100.000 y 250.000 mujeres fueron violadas durante los tres meses que duró el genocidio en 1994.

Los organismos de las Naciones Unidas calculan que las milicias armadas violaron a más de 60.000 mujeres en la guerra civil de Sierra Leona y a más de 40.000 en el conflicto de Liberia. El Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas para la Mujer (UNIFEM) calcula en unas 60.000 las mujeres violadas en la ex Yugoslavia.
La violencia sexual, dice la Directora del programa del UNIFEM para África central, Josephine Odera, es “una de las atrocidades más comunes durante el conflicto”

Sin embargo, pese a su frecuencia, “hasta hace poco no se reconocía su efecto devastador. Los gobiernos, la sociedad civil y las personas sencillas tienen que hacer mucho todavía para buscarle solución”.

El Dr Denis Mukwege Mukengere, director del hospital Panzi en Bukavu, región oriental de la RDC, dice que la mayoría de las supervivientes que su hospital trata no sólo han sido violadas sino que tienen sus genitales mutilados. Dice que la práctica es común y los agresores la utilizan para incrementar las posibilidades de que estas mujeres contraigan VIH/SIDA, y asegurarse de que nunca más puedan parir.

“Es un instrumento de genocidio destinado a destruir a la comunidad agredida asegurándose de que sus mujeres no puedan tener más hijos”.

Decenas de miles de mujeres fueron violadas en esta región durante diez años de guerra y el hospital atendió a unas 20 víctimas de violación diarias desde que comenzó la guerra en 1996, la tercera parte de ellas necesitaban cirugía reconstructiva para reparar las heridas sufridas a causa de la violencia sexual. Panzi es uno de los tres centros de salud de la Provincia de Kivu Sur que cuenta con instrumental para atender traumas los físicos y psicológicos masivos que la violencia sexual causa a sus supervivientes.

El UNIFEM y otros organismos de las Naciones Unidas reiteran esas observaciones. Los combatientes utilizan de rutina la violación en masa, los actos de agresión sexual, la esclavitud sexual, la prostitución forzosa y el embarazo forzoso como instrumentos de tortura, dominación étnica y depuración étnica. Las violaciones y otros actos de violencia sexual se llevan a cabo en público para llevar al máximo la humillación y el terror que la mujer y su comunidad experimentan.

“Es un instrumento de terror, utilizado para vencer la resistencia e inspirar el temor a la represalia”, dice la investigadora Jeanne Ward.
Reconocimiento de la violencia sexual como crimen de guerra

La violencia sexual contra las mujeres es un delito común. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que una de cada cinco mujeres ha experimentado alguna forma de violencia sexual. Pese a su frecuencia, ha sido difícil en tiempos de paz lograr que la violencia sexual se reconozca y castigue como delito, más aún en sociedades donde los sistemas jurídicos, después de una guerra, quedan en un estado de deterioro máximo. De ahí que los perpetradores muchas veces queden sin castigo.
En un informe de las Naciones Unidas de 1998 sobre La violencia sexual y el conflicto armado se señala que los ejércitos, históricamente, han considerado la violación una manera legítima de mantener contentos a sus efectivos. Debido a que en muchas sociedades se considera que las mujeres son “propiedad”, un ejército victorioso suele violar y convertir a las mujeres en esclavas sexuales como botín de guerra. Esos ejércitos han violado y humillado a las mujeres de la misma manera que han saqueado o destruido otros bienes pertenecientes a los grupos enemigos. Hasta la segunda guerra mundial, la violación “se aceptaba como realidad inevitable, aunque lamentable, de un conflicto armado”.

Por ejemplo, durante la segunda guerra mundial, las dos partes en el conflicto se acusaron mutuamente de violaciones en masa, sin embargo, ninguno de los dos tribunales establecidos por los países aliados victoriosos para enjuiciar crímenes de guerra, en Tokio y Nuremberg, reconoció en sus Cartas el delito de violencia sexual.

En el Cuarto Convenio de Ginebra de 1949 que se ocupa de la protección de civiles en tiempo de guerra se prohíbe la tortura y los tratos crueles, así como “los atentados contra la dignidad personal”, especialmente los tratos humillantes y degradantes. En el Convenio se establece explícitamente que las mujeres serán “especialmente protegidas contra todo atentado a su honor y, en particular, contra la violación, la prostitución forzada y todos atentado a su pudor”. Sin embargo, la violación y la agresión sexual no se incluyeron en la lista de las "infracciones graves" previstas en el Convenio, que los Estados están en la obligación de perseguir y enjuiciar. Un lenguaje parecido se utiliza en los dos Protocolos adicionales del Convenio (relativos a la protección de las víctimas de conflictos internacionales y sin carácter internacional), que se aprobaron en 1977.

No fue hasta 1992, ante la generalización de las violaciones de mujeres en la ex República de Yugoslavia, que la cuestión de la violencia sexual en un conflicto finalmente captó la atención del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. El 18 de diciembre de 1992, el Consejo declaró que la “detención y violación masiva, organizada y sistemática de mujeres, en particular de mujeres musulmanas, en Bosnia y Herzegovina" era un delito internacional que debía abordarse. Posteriormente, en el Estatuto del Tribunal Penal Internacional para la Ex Yugoslavia se incluyó la violación como crimen de lesa humanidad, junto con otros delitos como la tortura y el exterminio, cuando se cometan en un conflicto armado contra la población civil. Poco después, se estableció lo mismo en el Tribunal Penal Internacional para Rwanda y varios años más tarde se dictaron las primeras condenas:
En 1998, el Tribunal Penal Internacional para Rwanda fue el primer tribunal internacional que halló culpable a un acusado de violación como crimen de lesa humanidad y crimen de genocidio (utilizado para perpetrar el genocidio).


En 2001, el Tribunal Penal Internacional para la Ex Yugoslavia se convirtió en el primer tribunal internacional que halló a un acusado culpable de violación como delito de tortura y, por consiguiente, crimen de guerra, así como crimen de lesa humanidad. Por otra parte, el Tribunal amplió la definición de esclavitud como crimen de lesa humanidad para incluir la esclavitud sexual; anteriormente, el trabajo forzado era el único tipo de esclavitud considerado crimen de lesa humanidad.

En el Estatuto de Toma del Tribunal Penal Internacional (ICC)se incluye la violación, la esclavitud sexual, la prostitución forzada, el embarazo forzado, la esterilización forzada o “cualquier otra forma de violencia sexual de gravedad comparable” como crimen de lesa humanidad cuando se cometa de forma generalizada o sistemática. Las órdenes de detención emitidas por el Tribunal Penal Internacional en 2007 contra dos sospechosos sudaneses incluyen varios cargos de violación como crimen de guerra y como crimen de lesa humanidad.Pese a algún éxito que han logrado los tribunales internacionales en el enjuiciamiento de violadores en un conflicto, los tribunales nacionales de los países donde se han cometido esos delitos luchan por lograr ese mismo éxito.

Para lograr el enjuiciamiento de esos casos, las investigaciones tienen que ser inmediatas, exhaustivas, precisas y eficaces. Los investigadores tienen que mantener buenos registros oficiales, las pruebas se deberán reunir y salvaguardar con profesionalismo y se deben instituir políticas de protección de los testigos y los supervivientes. Esto es difícil de lograr en tiempos de paz y más aún cuando acaba de terminar una guerra. Muchos países no han logrado crear leyes o carecen de sistemas judiciales eficaces para enjuiciar a los perpetradores. Por ello, la justicia a veces demora años.

Incluso en lugares donde todos los mecanismos funcionan correctamente, las actitudes culturales negativas hacia las mujeres pueden convertir a las comisarías de policía y a los juzgados en un entorno hostil para las supervivientes de la violencia sexual.

Para resolver esta situación, los organismos de las Naciones Unidas y las ONG están pidiendo más recursos para entrenar a la policía y a los militares de manera que traten como es debido los casos de violencia sexual.Se estima que cerca del 90% de las víctimas de guerra en la actualidad son civiles, la mayoría de ellos mujeres y niños, en contraste con lo que sucedía hace un poco más de un siglo, cuando el 90% de los que perdían sus vidas era personal militar.

Las cifras actuales son reveladoras y por más, escalofriantes.

En Rwanda, aproximadamente medio millón de mujeres fueron violadas durante el genocidio; en Sierra Leona, más del 50 por ciento de las mujeres sufrió alguna forma de violencia sexual durante el conflicto de 1999; en Bosnia, entre 20 y 50 mil mujeres fueron violadas; 400 mil mujeres son violadas por año en la República Democrática del Congo; en diciembre de 2010, el informe Violencia sexual en contra de las mujeres en el contexto del conflicto armado colombiano reveló que entre el 2001 y el 2009 fueron violadas y usadas como arma de guerra cerca de 94 mil mujeres.

En la República Centroafricana, se calcula que durante la invasión a cargo de Jean Pierre Bemba- hoy día juzgado ante la Corte Penal Internacional (CPI)- centenares de mujeres y niñas fueron violadas, aunque se desconoce un número exacto. Y por último, el Fiscal de la CPI Moreno Ocampo advirtió hace algunas semanas, que en el caso de Libia, desde finales del mes de abril no dejan de sucederse los testimonios que señalan que las tropas de Gadafi estarían violando de manera sistemática a mujeres.

Son las comunidades en su totalidad las que sufren las consecuencias de los conflictos armados, aunque las mujeres y los niños se ven particularmente afectados debido a su condición jurídica, social y su sexo. A menudo las partes en un conflicto violan a las mujeres, y en ocasiones utilizan las violaciones sistemáticas de las mujeres como una táctica de guerra. Otras formas de violencia contra las mujeres cometidas en los conflictos armados comprenden los asesinatos, la esclavitud sexual, el embarazo forzado, la prostitución forzada y la esterilización forzada.

El número cada vez mayor de conflictos armados y las violaciones vinculadas con ellos han dado lugar a un aumento marcado en la propagación de enfermedades veneras y el HIV, especialmente en Africa.

En términos de desplazamiento, en el número de corrientes forzadas de desplazamientos internos y de refugiados ha aumentado marcadamente. Como regla general, más del 75% de las personas desplazadas son mujeres y niños, y en algunas poblaciones de refugiados esas cifras alcanzan el 90%. Las refugiadas siguen siendo vulnerables a la violencia y la explotación cuando huyen, así como en los países de asilo y durante la repatriación.

En la Plataforma de Acción, aprobada por la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer, celebrada en Beijing en 1995, se determinó que los efectos de los conflictos armados sobre la mujer constituían una esfera de especial preocupación que requería la atención de los gobiernos y la comunidad internacional, y se subrayó la necesidad de promover la participación equitativa de la mujer en la solución de los conflictos a los niveles de adopción de decisiones.Y podemos citar varias plataformas y resoluciones en el sistema de Naciones Unidas, pero lo cierto es que los números no parece mejorar.

Si bien la violencia sexual y las violaciones estaban contempladas a nivel internacional desde los Convenios de Ginebra, los cuales definían a la violación como actos atentatorios contra el pudor. A partir de los tribunales ad – hoc de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) creados para la ex Yugoslavia y para Rwanda, la violencia sexual en sus distintas expresiones, comenzó a ser incorporada como constitutiva de crímenes de guerra y lesa humanidad e incluso, como genocidio. La sentencia en el resonado Caso Akayesu del Tribunal de Rwanda, estableció que la violación y la violencia sexual también son actos constitutivos de genocidio, además de ser una forma de tortura y un crimen de guerra. Esto permitió que se ampliara la definición de violación al concebirla como una invasión de naturaleza sexual que no se limita a la penetración, por más mínima que esta sea.

El Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional sigue esta línea, reconociendo expresamente entre los delitos más graves del derecho internacional una amplia gama de formas de violencia sexual y de género. La violación, la esclavitud sexual, la prostitución forzada, el embarazo forzado, las esterilizaciones forzadas, las persecuciones de género, el tráfico de personas, particularmente de mujeres y niños, y la violencia sexual como crímenes dentro de su jurisdicción, son crímenes de lesa humanidad. El mismo cuerpo normativo agrega que los actos individuales de violación, esclavitud sexual, prostitución forzada, embarazo forzado, esterilización forzada y cualquier otro abuso sexual que constituya una violación o infracción grave del artículo 3 común a los Convenios de Ginebra de 1949, pueden ser causa de enjuiciamiento como crímenes de guerra si se cometen en conflictos armados internacionales o internos.

La violación y otras formas de violencia sexual han sido definidas haciendo hincapié en los actos coercitivos del autor, incluidas las amenazas, la opresión psicológica y la fuerza física. En vez de definir la violación en términos simplemente de penetración vaginal forzada con el pene, se hace una definición neutral desde el punto de vista del género (con lo que se reconoce que los niños y los hombres también pueden ser violados) y se habla en general de invasión del cuerpo de la víctima, lo que incluye violación con objetos y sexo oral forzado.
                           
En ocasión de la detención del ex Vicepresidente de la Rep. Democrática del Congo Jean Pierre-Bemba, por crímenes cometidos durante la invasión a la República Centroafricana, el Fiscal de la CPI Luis Moreno Ocampo declaró: “No hay excusas para las centenares de violaciones. No hay excusa para la violación de una niña, bajo la mirada de los padres. No hay excusas para los comandantes que ordenan, autorizando o consintiendo a la comisión de violaciones y saqueos por parte de sus fuerzas. […] Con el Estatuto de Roma, nadie está más allá del alcance de la justicia penal internacional. Nadie se puede poner del lado de los criminales y en contra de las víctimas”.