lunes, 17 de noviembre de 2014

Nueva matanza Yihadista


Entre los yihadistas del EI que ejecutaron al rehén estadounidense se encontraba un joven normando de 22 años, que viajó a Siria hace quince meses


Captura de pantalla del vídeo difundido por los yihadistas del Estado Islámico


Un nuevo rehén, Peter Kassig, de 26 años, ha sido ejecutado por el Estado Islámico, que ha difundido un vídeo de su cuerpo el pasado domingo. En esta grabación, 18 combatientes yihadistas a cara descubierta mataban a soldados sirios que esperaban su muerte arrodillados.
 Entre los verdugos se encontraba al menos un francés, aunque podría haber otro más, según recoge la cadena francesa «BFM TV». Precisamente esta cadena entrevistó el pasado julio por Skype al joven de 22 años identificado como Maxime H. que aparece en el vídeo. Es originario de un pueblo de Normandía (en concreto, en el departamento de Eure) de educación católica que se convirtió hace algo más de un año al Islam y que se radicalizó en internet.
La Fiscalía de París ha confirmado que tiene «pruebas circunstanciales» que confirman que uno de los milicianos que aparecen en el último vídeo de Estado Islámico decapitando a militares sirios es Maxime Hauchard, un joven francés de 22 años originario de Normandía, ha informado el diario 'Libération'.

Horas después de que el ministro del Interior, Bernard Cazeneuve, asegurar que el Gobierno tiene «fuertes indicios» que apuntan que uno de los milicianos es un joven galo, la Fiscalía ha confirmado que se trata de Maxime Hauchard, conocido con el alias de Abú Abdalá al Faransi.

La periodista que lo entrevistó, Sarah Lou Cohen, ha contado este lunes que cuando tuvo la conversación, él se encontraba en la ciudad de Raqa, y que «quería morir como un mártir».

El experto en terrorismo Jean-Charles Brisard, que fue uno de los que revelaron que hay al menos un francés entre los que aparecen en el vídeo de decapitación colectiva, señaló que Maxime H. está siendoobjeto de vigilancia por parte de los servicios secretos franceses. Según los elementos aportados por «BFM TV», primero se fue a Mauritania para trabajar en una escuela, que una vez allí quiso entrar en Mali -donde se desarrollaba la operación francesa para combatir a los yihadistas que ocuparon una parte del país- pero finalmente renunció por las dificultades.

De vuelta a Francia, y ante la importancia que iba cobrando el fenómeno del EI, se fue a Siria pasando por Turquía y participó, entre otras misiones en la conquista de Mosul.

El Ministerio francés del Interior señaló que está realizando verificaciones antes de confirmar que el yihadista es efectivamente un francés, lo que podría exponerlo a una inculpación por asesinato en banda organizada y terrorismo en caso de volver a su país.El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, ha confirmado la muerte del cooperante estadounidense Peter Kassig, también conocido como Abdul Rahman desde que se ha convertido al islamismo, y que ha sido decapitado por el grupo yihadista Estado Islámico (EI), en un acto que calificó de «pura maldad».

Obama, de regreso de una gira por China, Birmania y Australia, se ha referido a la muerte del joven cooperante como «un acto de pura maldad por un grupo terrorista que el mundo asocia con actos inhumanos».

El mandatario ha acusado al EI de estar «aprovechándose» de la «tragedia» que vive Siria para «promover sus propios fines egoístas», mientras personas como Kassig «conmovido por el sufrimiento de los civiles sirios viajó a Líbano para trabajar en un hospital tratando a los refugiados».


El miliciano encapuchado vestido de negro que señala a una cabeza ensangrentada colocada a sus pies y declara que corresponde a Kassig, tiene acento británico, según apuntan algunos medios, y podría tratarse del mismo individuo que ha aparecido en otros vídeos, conocido en el Reino Unido como Yihadi John. Kassig fue capturado el 1 de octubre de 2013 en la provincia oriental de Deir al Zur cuando viajaba en una ambulancia para distribuir suministros y equipos médicos, y durante su año de cautiverio se convirtió al islamismo, tras compartir celda con un musulmán sirio devoto.
Reacciones internacionales

«Nos rompe el corazón saber que nuestro hijo, Abdul Rahman Peter Kassig, ha perdido la vida por su amor por el pueblo sirio y su deseo de aliviar su dolor», han indicado sus padres Ed y Paula en un mensaje de Facebook.

Antes de que el Gobierno estadounidense certificara la autenticidad del vídeo, sus padres han pedido «respetuosamente» a los medios de comunicación que no «siguieran el juego» a los yihadistas y evitaran difundir las imágenes distribuidas por el EI.

«Preferimos que se escriba sobre nuestro hijo y sea recordado por su importante labor y el amor que compartía con sus amigos y su familia, no de la forma que los secuestradores emplean para manipular a los estadounidenses y promover su causa», han dicho.

El secretario de Estado norteamericano, John Kerry, que se ha sumado a las condolencias, y ha asegurado que durante el tiempo en el que el cooperante estuvo en cautiverio, «su familia, y todo el Gobierno, incluido el senador de su estado, Joe Donnelly, trabajaron para evitar este desenlace».

Kerry ha asegurado que el joven «personificó los valores de altruismo y compasión que son la esencia de la religión que adoptó, el islamismo» y ha considerado que el que los captores ignoraran el ruego «inolvidable» que ha hecho recientemente la madre Kassig para que le liberaran «es sólo una muestra más de la falta de humanidad de los terroristas del EI».

Así funcionaba la Satsi



Es el mejor lugar para experimentar el nivel de terror y represión que estuvo a la orden del día en la desaparecida República Democrática Alemana (RDA). Basta una visita de dos horas para llevarse el olor de pesadumbre que conservan sus celdas y corredores. La guía española Jessica Alcázar transmite con precisión y verdad todo el sufrimiento que se aplicó en la cárcel modelo de la Stasi, la despiadada policía política del régimen socialista, situada en el distrito berlinés de Hohenschönhausen. No es de extrañar que después de tres años de repasar tanto dolor alguna vez tenga pesadillas, sobre todo cuando visitan este lugar dedicado a la memoria de la infamia antiguos inquilinos. En el ala dedicada a los interrogatorios, los alumnos aventajados de los métodos soviéticos pusieron en práctica un sistema científico para romper la resistencia de los disidentes mediante el uso perverso de la psicología.

No figuraba en los mapas. Era un espacio vacío en Berlín Este. Las calles habían sido borradas. El distrito prohibido de Hohenschönhausen se convirtió en el mayor complejo carcelario de toda Alemania. Hasta que en 1951 fue transferido a la autoridades de la RDA por los soviéticos, unos 25.000 prisioneros de ambos sexos sufrieron lo indecible. Los soviéticos preferían la tortura pura y dura. Los alemanes "democráticos" pusieron en marcha otra estrategia. Más de 20.000 alemanes pasaron por sus manos hasta que la caída del muro, en 1989, puso fin al espanto organizado como una fábrica de obedientes.
 
Las furgonetas se llamaban Barkas. Los tres tipos de la policía política del Estado de los Obreros y los Campesinos, denominación épico lírica de la extinta RDA, iban disfrazados de vendedores de frutas o pescado. En los laterales del vehículo, vistosos dibujos celebraban la mercancía que supuestamente transportaban. Trataban de aprehender al sospechoso, al disidente, cuando no había nadie a la vista, para que ho hubiera testigos. De inmediato se le vendaban los ojos, se le esposaba y se le anclaba por los tobillos al suelo. Hasta cinco detenidos en estrechos compartimentos estancos podían cazar en cada batida. A continuación se pasaban dos horas dando vueltas por Berlín. Solo entonces se encaminaban al distrito prohibido de Hoenschönhausen: 50.000 metros dedicados al terror científico, y 29 edificios donde además de extraer información y castigar al que pensaba por libre se dedicaba la Stasi a fabricar artilugios para espías, o a perfeccionar máquinas de vapor que permitieran violar sin dejar rastro más del 90% de la correspondencia que circulaba por el edén socialista.

A sangre y fuego

Tras las revueltas de 1953, que fueron aplastadas a sangre y fuego con la ayuda soviética, la Stasi pasó de 600 miembros a más de 9.000, en una primera leva. A la caída del muro, de la que se acaban de cumplir 25 años, el Ministerio para la Seguridad del Estado ("Ministerium für Staatssicherheit", más conocido por su abreviatura Stasi) tenía 91.000 empleados a tiempo completo y 180.000 informadores. El cuervo que nos recibe con un graznido a las puertas de la prisión, muy alejada del centro de Berlín, y de los restos del antiguo muro, parece un anticipo de lo que vamos a ver.

Cuando la Barka llegaba al garaje cada detenido era despojado de todo lo que pudiera remitirle a su vida pasada. Se le llevaba a una celda mucho más "humana" que el sótano soviético, donde las condiciones eran infrahumanas. No es de extrañar que bajo la égida moscovita el índice de suicidios fuera elevado. Por eso se pasó, sobre todo tras las construcción del muro, de la represión física a la psicológica. No podían recibir visitas. Su familia y amigos no tenían la menor noticia del desaparecido hasta que le soltaban, y con la condición de que guardara silencio de lo vivido en Hohenschönhausen. Ni una fuga se consumó aquí.

Con la luz siempre encendida, cada celda tenía una cama, un colchón, mantas, un retrete, un lavabo, un espejo, una silla, un armario y una mesa. El contacto entre prisionero y sus guardia era el mínimo. Mientras que los oficiales de los interrogatorios conocían cada historial, para los carceleros cada preso era un número. Cada diez minutos tenían que controlar que el prisionero estaba en condiciones. El toque de diana era a las seis de la mañana. No se podía ni cantar, ni silbar, ni tumbarse en la cama durante el día. Si se sentaba a la mesa las manos debían estar sobre ella. No tenían ni libros ni revistas. Diecisiete horas diarias con la nada, amén de tres comidas y media hora para hacer ejercicio en la llamada "jaula de los tigres", un rectángulo de altos muros con techo de alambrada. El preso solo podía caminar en círculos mirando al suelo, pero siempre solo, y siempre media hora, en invierno o en verano, aunque en caso de que no se portara como es debido podían tenerle todo el día dando vueltas a quince grados bajo cero. A la hora de dormir, las manos sobre el pecho o a los lados del cuerpo, boca arriba, como un cadáver bien dispuesto. Los largos pasillos sombríos tienen dos peculiaridades: un sistema de semáforos y un cordón que corre a lo largo de todas las paredes. El semáforo es para evitar que dos presos se cruzaran. Cuando se trasladaba a un disidente para ser interrogado el que estaba en el pasillo debía ponerse de cada a la pared y permanecer así hasta que desaparecía el peligro de contacto visual.

El interrogador se sentaba tras su escritorio y la víctima al extremo: hacía parecer más grande a su examinador. Usaban dos grabadoras: una para las declaraciones del sospechoso, la otra para que los jefes de la Stasi pudieran comprobar que sus subalternos cumplían. Sin armas: para evitar riesgos. Bajo el asiento del reo, un paño, que se recogía al final como se ve en la película "La vida de los otros" con los sudores y otros aromas, susceptibles de ser utilizados, por ejemplo por perros rastreadores en caso de fuga. Toda una industria de extracción de la verdad, una escuela de sometimiento a un Estado que se pretendía modélico, pero que tuvieron que encerrar tras un muro para evitar que nadie pudiera abandonar el paraíso.